Las mirillas electrónicas o digitales han marcado un punto de inflexión en la seguridad doméstica. Sin embargo, una parte de los consumidores sigue dando la espalda a esta tecnología, prefiriendo las versiones tradicionales por su sencillez y asequibilidad. Son muchos los argumentos a favor de invertir en una mirilla digital en Santiago de Compostela u otro municipio.
Por un lado, la sofisticación de las mirillas electrónicas superan con holgura a las convencionales, formadas por una lente de cristal y un marco de metal. Las digitales están equipadas con cámaras y monitores en alta definición, conexión Wi-Fi y baterías que aumentan la seguridad del sistema, al mantener su funcionamiento en caso de corte de luz.
La relación calidad-precio también es favorable para las mirillas digitales, si bien ciertos modelos incorporan gastos adicionales, como la conectividad o el almacenamiento en cloud. Es innegable, de cualquier modo, que las unidades convencionales están disponibles a precios muy inferiores y con instalaciones menos complejas.
Otra diferencia sustancial es la calidad de visión que proporcionan las mirillas electrónicas. Mientras que las convencionales se ven afectadas por la luz ambiental y otros factores, las digitales garantizan una imagen más amplia y definida. En condiciones nocturnas, una mirilla simple de cristal es inútil, pero algunas unidades digitales incorporan visión nocturna. Con ello, se elimina la posibilidad de ser sorprendido después del ocaso.
En contrapartida, este tipo de mirillas presentan las desventajas usuales de otros gadgets y dispositivos tecnológicos: aumento del riesgo de averías y problemas técnicos, mayor dependencia del suministro energético, etcétera. Por así decirlo, la fiabilidad de las mirillas «de toda la vida» es superior.
La captura de vídeo e imágenes es una función valiosa en las nuevas mirillas. En caso de agresión o ataque al domicilio particular, el usuario dispone de una prueba documental que se perdería usando las mirillas simples.
