Con milenios de tradición, los símbolos cruciformes figuran entre los más utilizados en joyería. Así lo evidencian las gargantillas, colgantes y pendientes basados en este motivo religioso que abundan en los escaparates físicos y virtuales del sector. Pero el símbolo de la crucifixión de Cristo no es el único en que puede basarse el diseño de un collar cruz. También se explotan las cruces griega, ancorada, de Malta y de San Antonio Abad.

En primer término, la cruz latina se compone de dos segmentos que se intersecan, siendo el vertical más prolongado que el horizontal. Se trata del icono más representado en la tradición cristiana, y sorprende que además de sus devotos, esta cruz adorne frecuentemente la imagen de personas sin adhesión a esta u otras religiones.

La joyería también emplea con profusión otro símbolo cristiano, la cruz griega o crux immissa quadrata, cuyos segmentos intersecos presentan la misma longitud. Goza de especial fama en el arte bizantino y representa la regeneración y el bautismo. No debe confundirse con la cruz de hierro de la Bundeswehr.

Ampliamente conocida en el mundo naval es la cruz ancorada, del navegante o de san Clemente. En su diseño confluyen un ancla y una cruz, como indica su denominación, y debe su origen a Clemente de Roma, mártir arrojado al mar con un ancla al cuello. Representaría la esperanza y renacimiento.

Por su parte, la cruz de San Antonio Abad o de Tau se compone de una ‘t’, última letra del alfabeto hebreo en la antigüedad, en alusión a una profecía del fin de los tiempos. Su popularidad debe atribuirse a san Francisco de Asís, que la adoptó como sello personal.

Otro de los símbolos cruciformes más explotados en el sector joyero es la cruz de Malta o de San Juan, que ondeaba en la extinta República Marinera de Amalfi, de raíces bizantinas.