Además de los metales más selectos y una artesanía extraordinaria, la Alta Joyeria Vigo y otros municipios se distingue por el uso de gemas de gran valor. Históricamente, el podio de las piedras preciosas más utilizadas ha estado monopolizado por cuatro nombres: el diamante, el zafiro, la esmeralda y el rubí.

La popularidad de estas gemas no es casual. Está justificada por su rareza, atractivo visual o dureza fuera de lo común. Quizá el mejor ejemplo sea el diamante, cuyas propiedades ópticas llaman la atención tanto como su dureza (es el material más duro del mundo, con una puntuación de 10 en la escala de Mohs). En términos de pureza, figura entre las piedras más apreciadas. Tanto es así que su valor aumenta conforme lo hace su «limpieza» bajo la lupa, siendo los diamantes sin defectos o flawless los más codiciados.

Aunque los diamantes sean el «rey» del sector joyero, otras gemas comparten muchas de sus características. El zafiro, por ejemplo, es la segunda piedra preciosa más dura en la escala de Mohs y posee una luminosidad, color y fuego interno que sorprende a propios y extraños. Su azul característico ha dado nombre a este color, aunque existen zafiros en tonos amarillos, rosas e incluso naranjas (para muestra, el insólito zafiro padparadscha).

Por su parte, la esmeralda figura en esta lista de gemas selectas por su verde vibrante y sus inclusiones o imperfecciones internas (el denominado «jardín» de la esmeralda). A este rasgo identitario hay que agregar otros, como la dificultad de su talla (debido precisamente a su estructura interna) o su rareza en estado natural. Y es que las esmeraldas de calidad son más insólitas que los diamantes y se encuentran solo en Colombia, Zambia y Brasil.

El rubí cierra este podio de piedras preciosas gracias a su rojo perfecto y la especie de fluorescencia natural que despide. El tono más buscado es el «sangre de paloma».