¿Sentirse como una princesa de cuento de hadas durante la Primera Comunión? Los vestidos de corte princesa son una elección popular en bodas o ceremonias reales, pero su presencia en actos religiosos como los bautizos o las comuniones va en aumento. De hecho, cada vez más comulgantes apuestan por este diseño al participar en el Sacramento de la Eucaristía. ¿Por qué es uno de los trajes de ceremonia para niñas más demandados?

En primer término, la estética principesca sigue cautivando al público infantil gracias al éxito de las heroínas de Walt Disney, que con renovada estética, entusiasman como el primer día a las nuevas generaciones. Pero el deseo de emular a Jasmín, Ariel, Tiana o Anna quedaría en un capricho de juventud, de no ser por otras cualidades de este vestido.

Es un diseño cargado de historia, pues sus orígenes se remontan al reinado de Alejandra de Dinamarca, princesa a la que debe su nombre. El corte princesa, que también era conocido como «línea francesa», se caracteriza por su cintura ceñida y su falda larga y voluminosa.

Aunque pueden confeccionarse con gran sencillez, el corte princesa se distingue por su profusión de ornamentos que convierten a su portadora en el centro de todas las miradas. En vestidos de Primera Comunión, esta riqueza de adornos y detalles será bienvenida para las comulgantes menos tímidas. A fin de cuentas, es un día muy esperado para ellas, y no hay por qué esconderse.

Otro motivo detrás de la popularidad del corte princesa es el exotismo de las telas utilizadas: la organza, el chantilly, el raso, el dupión, etcétera. No son tejidos que se vistan todos los días, y por ello contribuyen a singularizar más aún a la comulgante. Por el contrario, este tipo de vestidos acarrea desventajas como un menor confort o el precio elevado.